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W.G. Sebald: Sobre la Historia Natural de la Destrucción

09 Feb

sebald naturalLos devastadores bombardeos inflingidos por la aviación británica (Royal Air Force) sobre la población civil alemana en los últimos años de la II Guerra Mundial supuso una gran humillación nacional, lo cual provocó que pocos supervivientes y pocos escritores hablaran del tema.

Todo se orientó hacia la reconstrucción y el futuro. Lo que había sucedido se convirtió en un tabú. En la RDA, en cambio, el tema no se olvidó ya cada año se recuerdan los bombardeos sobre Dresde.

Fueron atacadas 131 ciudades alemanas (casi todas las grandes), murieron 600.000 civiles, 7 millones y medio de personas se quedaron sin hogar. Fue una aniquilación hasta ahora sin precedentes en la Historia. Mucho tiempo después, seguían subiendo olores espantosos de los cadáveres aún sepultados por las ruinas.

En la literatura alemana de finales de los 40, Heinrich Böll con El ángel callaba fue el único que dió una idea del espanto de lo que sucedió, pero su obra no se publicó hasta pasados 40 años.

En Alemania no hubo debate sobre la ética de los bombardeos devastadores de los aliados, ya que un pueblo que ha masacrado a millones de personas en campos de concentración no podía pedir cuentas a las potencias vencedoras de la lógica político-militar que dictó la destrucción de las ciudades alemanas. Podía tratarse de un castigo merecido o un acto de revancha.

Por otro lado, es muy probable que el mariscal del aire Göring hubiera arrasado Londres si hubiera podido. De hecho, experimentos de bombardeos sistemáticos ya los habían hecho los nazis en ciudades como Guernika. Más tarde también bomardearon Stalingrado con 1200 aviones que mataron a 40.000 personas..

Sin embargo, en Inglaterra hubo algunos reproches y dudas (de Churchill entre otros) desde el punto de vista del derecho de guerra y la ética, a la destrucción de objetivos civiles, lo que se dió en llamar Area Bombing. Se podía haber optado por bombardear industrias de guerra, instalaciones energéticas o nudos de comunicaciones.

Pero venció la idea de que los bombardeos no acabarían con la guerra, pero sí minarían la moral de la población civil y de los trabajadores de la industria en concreto.  La estrategia no fue algo improvisado, se tuvo que utilizar gran cantidad de inteligencia, capital y fuerza para planificar la destrucción. Por otro lado, era la única forma para los ingleses de entrar en la guerra, ya que el frente inglés estaba en stand by.

El jefe de  bombarderos, sir Arthur Harris, era partidariio de la destrucción por la destrucción, de la aniquilación más completa posible del enemigo.

En verano de 1943, la Operación Gomorra de la Royal Air Force sobre Hamburgo produjo 200.000 muertos (más que en Hiroshima).  Los bombarderos británicos partían desde 70 campos de aviación del condado de Norfolk. El plan era el siguiente:

  • bombas explosivas rompían puertas y ventanas
  • bombas incendiarias ligeras quemaban los tejados
  • bombas incendiarias más pesadas y bidones de fósforo penetraban en los edificios

Las llamas alcanzaron los 2 kilómetros de altura, y al acabar con el oxígeno provocaron la caída a gran velocidad del oxígeno que estaba por encima, creando huracanes de aire que a su vez crearon tormentas de fuego tan altas como los edificios y que recorrían las calles a 150 kilómetros, quemando y arrasando todo lo que encontraban a su paso. Del asfalto fundido, como en una pesadilla, brotaban gruesas burbujas. Los que se lanzaban al río, morían cocidos por las altas temperaturas del agua.

Bajo la conmoción de lo vivido por los supervivienes, la capacidad de recordar quedó mermada. Pero también la de pensar y sentir. Había que respetar su derecho al silencio. Uno de los problemas de los conductores era que tenían que esquivar a los muchos supervivientes que caminaban indolentes, en estado de demencia, por las calles abiertas a los escombros.

Era espeluznante el espectáculo apocaliptico de ver a millones de personas vagando, en harapos, sin rumbo ni hogar entre las ruinas o intentando huir.

En Colonia, la destrucción física también fue total. Las ciudades alemanas devastadas pasaron a estar controladas por ratas, moscas gigantescas y gusanos. Después, la naturaleza pobló de verde las ruinas, como si de una perdida ciudad maya se tratara.

El comportamiento de los alemanes fue ejemplar. Su tendencia a la disciplina pequeño-burguesa ayudó a que la reconstrucción de las ciudades empezara desde el primer momento y a que se volvieran a adoptar ciertas rutinas como el café en los balcones después de comer o la escucha de música clásica.

El escritor Max Frisch lo describió así:

“Un paisaje de colinas de ladrillo,
debajo los seres humanos sepultados,
encima las estrellas;
lo último que se mueve son las ratas.
Por la noche, Ifigenia.”

A Sebald le llegaron numerosas cartas en los que los alemanes comentaban la necesidad que sentían de sentirse por fin como víctimas.  Otras cartas hacían referencia a la desquiciada belleza de las llamas naranjas y rojas sobre Hamburgo.

 
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Posted by on February 9, 2014 in historia

 

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