Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

Malcolm Lowry: Bajo el volcán

volcan Mi colega Eddy Margharetto afirma que hay literatura pata negra y literatura jamón york. Bajo el Volcán es a todas luces pata negra 5 jotas criada con bellota en las mejores dehesas extremeñas. Eso sí, es difícil de leer, pero los críticos la sitúan entre las mejores novelas del siglo XX. Yo he de reconocer que conseguí leerla al cuarto intento, lo cual no me había pasado con ningún libro.

Por un lado, porque utiliza técnicas de Monólogo Interior, también llamado Corriente del Pensamiento, que inventó Joyce y que consiste en que el escritor escribe todo lo que pasa por la cabeza del protagonista, desde un cartel que está leyendo en la calle, un pensamiento de hace 10 años, una conversación que se oye a lo lejos o la propia acción que sucede en este momento.

La otra dificultad es que tanto el autor, Lowry, como el protagonista, el Cónsul, suelen estar bajo la influencia del alcohol, con lo cual todo lo que dicen cuesta más de entender. El tempo del relato lo marca la alucinada y ebria cabeza del cónsul. Parece que para escribir bien, un autor tiene que ser maldito y atormentado y estar rodeado de fantasmas autodestructivos, un autor feliz solo sirve para libros de autoayuda.

A Lowry le gusta añadir una capa de simbolismo a todo lo que escribe, con unos códigos propios que no son fáciles de seguir. De hecho, suele hablar de un modo muy pedante, citando la mitología, como si fuera incapaz de llevar una conversación normal.

Finalmente, hay un exceso de descripciones. Lowry necesita describir todo lo que ve, todo lo que hay, para que el ambiente se convierta también en protagonista obsesivo: volcanes, astros, mitos, la naturaleza desatada… Sin embargo, el infierno no es México, sino la cabeza del Cónsul.

La novela es un viaje al infierno con el alcohol, la literatura y el amor como temas que se atraviesan constantemente en la trama, que sucede en un único día, el de Todos los Muertos, en un México pintoresco y peligroso, en el que suena La Cucaracha en los funerales, un mundo exótico perfecto para cualquier anglosajón cultivado. Igual que Durell retrató Alejandría o Hemingway España… tercer mundo.

La decadencia del Cónsul es grande, ya ni se pone los calcetines para salir a la calle por el esfuerzo que eso le supone. Lowry llega a afirmar que no hay nada tan bello como un bar por la mañana, y que la bebida es un eterno sacramento. El bar preferido es El Farolito, en la localidad de Parián, sitio tratado en el libro como si fuera un monumento, un sitio deseado para visitar.

Algunos problemas crónicos de México ya aparecen en el libro; de hecho, el Cónsul es asesinado por un grupo de paramilitares que actúan con impunidad, y que son peores que la policía. La novela es muy autobiográfica. Además del Cónsul, hay otros dos protagonistas.

Su ex-mujer, Yvonne, ha vuelto para intentar recomponer la relación, pero ve cómo el auténtico amor del Cónsul son ahora las cantinas.

Y Hugo, el hermanastro del Cónsul, que fue uno de los que en su tiempo se beneficiaron a Yvonne. Y es que como el Cónsul solía estar más en las cantinas de mala muerte que en casa, su mujer cometía de vez en cuando alguna infidelidad razonable. Hugo es un idealista progresista, que desea alistarse para ir a luchar con la España republicana en la época de la Batalla del Ebro.

Para el Cónsul, no se puede vivir sin amar, pero tampoco sin beber, estar sobrio es una horrible sensación.

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This entry was posted on August 15, 2013 by in literatura and tagged , , .
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