Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

José Álvarez Junco: La ideología política del anarquismo español (1868-1910). III El ideal de sociedad futura.

 utopiaEl ideal de sociedad futura.

12. La Utopía Anarquista. Organización Política de la Sociedad Futura.

La utopía es la especulación de un individuo sobre una futura organización social óptima. En el Anarquismo no abundan las utopía. Para Marx, las ideas sobre cambios sociales surgen cuando se dan condiciones materirales para los mismos. Marcuse vaticinó el final de las utopías, debido a las inmensas posibilidades técnicas actuales unidas a un ejercicio no alienado del trabajo, de modo que la utopía ya se puede construir aquí y ahora.

Rasgos característicos de la Utopía:

  1. Es una construcción racional sobre la organización social ideal.
  2. Es un esquema rígido, estático, con castigos previstos. SIn embargo, la utopía libertaria es abierta.
  3. La utopía clásica se desarrolla en  ciudades autárquicas, la anarquista es universal, pastoral, al estilo de Rousseau.
  4. Las utopías nos preparan para un “reinado de la máquina” en manos de la comunidad idealizada.
  5. En las utopías clásicas la autoridad es muy importante. En la utopía proletaria, se intenta construir una sociedad igualitaria, eliminando jerarquías, trabajo alienado y el Estado.

La Utopía es la culminación del progreso, el fin de la guerra y los privilegios, el triunfo de la libertad, la igualdad, la solidaridad, sin autoridad ni leyes ni represión.

Por supuesto, no harán fronteras ni patrias. Había una gran confianza en la medicina. Pero antes que nada, había que hacer la revolución, la armonía natural y el progreso científico resolverían el resto. Los liberales quieren limitar y dividir la autoridad, los anarquistas suprimirla. Para Saint-Simon, la administración de las cosas había de sustituir al gobierno del hombre. Proudhon dotó al federalismo liberal de un contenido económico. Marx y Engels creían necesaria la autoridad en un período de transición; cuando el proletariado alcanzase el poder, la autoridad se iría diluyendo. Para los anarquistas, la revolución liderada por un grupo dirigente acabaría perpetuándose, ya que la primera ley del Estado es su propia conservación. Por ello, la autoridad debe ser destruída al día siguiente de la revolución.

El Productor es la célula básica del orden anarquista, y la clave del progreso el Pacto entre productores. Los productores forman las secciones de oficios locales. Curiosamente Mella habla de Familia, Municipio y Oficio, peligrosa analogía con las doctrinas corporativistas totalitarias. Los municipios libres colectivizados se rigen por la democracia directa y se unen en comarcas, regiones… hasta llegar a la federación universal. La teoría anarquista, por tanto, es contractualista, pactista e individualista liberal, pero con toques cristianos y comunitarios medievales.

La teoría federal de Proudhon (vía Pi i Margall) y Bakunin está a caballo enre el liberalismo radical y el internacionalismo proletario. Es abandonado desde 1873 por la burguesía, para abrazar movimientos regionalistas conservadores, y por el proletariado, para abrazar el bakuninismo.

Características del federalismo anarquista:

  1. Igualdad económica gracias a la colectivización de los bienes de producción
  2. Las unidades que pactan son reales, no se basan en privilegios
  3. No es sólo político como el federalismo liberal, sino también económico
  4. Solo crea pactos económico-sociales, ningún tipo de poder político o gobierno. Todos los ciudadanos han de participar en la Res Pública mediante la democracia directa o delegaciones con mandato imperativo
  5. El principio federal afecta a la Revlución y a la Sociedad Revolucionaria.

Los federalistas anarquistas no se interesaron por el regionalismo catalanista, tal vez porque no eran catalanes y porque su federalismo era bastante teórico. En los 80s, los catalanistas intentan atraer a los obreros a su campaña proteccionista, pero no lo consiguen, ya que no tienen mucho que ver con su cosmopolitismo y antigubernamentalismo. Además, el catalanismo relega a segundo plano la cuestión social en nombre de una unidad ficticia de todas las clases sociales en la idea de nación.

13. La Organización Económica de la Sociedad Futura:

La producción debe atender a las necesidades humanas globales, no al enriquecimiento individual. Los marxistas querían lograrlo mediante una economía dirigida, mientras los anarquistas confiaban en la armonía natural de las relaciones económicas. La abundancia material será ilimitada, y para Marcuse “sólo un orden de abundancia es compatible con la libertad”. El trabajo será atractivo (Fourier) o incluso un juego (Marcuse), y las máquinas harán el trabajo más rudo. No habrá paro, pero tampoco lujo inútil. Eso sí, habrá que conciliar la humanización de las relaciones de producción con la productividad, es decir, la Utopía y el Realismo.

Para garantizar la igualdad, es indispensable la colectivización de la tierra y la creación de cooperativas industriales  mediante la expropiación. Para Díaz del Moral, sin embargo, la aspiración fue siempre el reparto. Se propugna destruir los títulos de propiedad y el dinero. El Cooperativismo representó la opción preferida en la primera etapa, como entrenamiento para que los trabajadores reforzaran la solidaridad y aprendieran a dirigir sus asuntos, por ello fue tolerado por la Restauración. Pero congresos obreros posteriores prefirieron la Revolución Social directa. Bakunin decía que el cooperativismo creaba un sector privilegiado dentro del proletariado.

En España se impulso pronto como ideal el Colectivismo Bakuninista: conseguir la propiedad común de los instrumentos de producción mediante la expropiación. Pero el producto se repartiría en lotes individuales, según el trabajo de cada uno. Con ello se querían conciliar los principios comunistas e individualistas. Para J. Llunas, sólo una parte del valor del trabajo individual había de ir a los  servicios públicos. Estaban en contra del derecho de herencia.

Kropotkin, en cambio, parte del principio de que el complejo proceso de producción moderno es una obra colectiva, por lo que todos tienen derecho a sus resultados. Al lema “a cada cual según su trabajo” de los bakuninistas, le sustituye el “a cada cual según sus necesidades” de los comunistas libertarios. Miguel Rubio fue el primero  que en 1882 defendió la nueva postura comunista, que consiguió muchos adeptos en Gracia (Barcelona). Otros como Lorenzo defienden en 1886 la “anarquía sin adjetivos”. Emilio Hugas reprochaba al colectivismo su egoísmo, aparte de lo difícil que es calcular estadísticamente lo que ha producido cada uno. Los colectivistas defendían que la naturaleza humana es “esencialmente egoista”, inclinada a la holganza, y que recompensar a todos por igual significaría premiar a los vagos frente a los trabajadores y frenar la fuente del progreso, que es el interés individual. El anarco-comunismo acabó ganando la batalla aunque algunos, como Mella, no lo aceptaron.

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This entry was posted on October 14, 2013 by in anarquismo, historia and tagged , , , .
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