Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

Raymond Carr: Liberalismo y Carlismo (1833-1840)

Martínez de la Rosa, uno de los primeros liberales españoles. Un tipo elegante y moderado.

Martínez de la Rosa, uno de los primeros liberales españoles. Un tipo elegante y moderado.



Cap. V de “España. 1808-1975”, Barcelona, Ariel, 1982. 1ª ed. en Oxford University Press, 1966

La 1ª Guerra Carlista fue una lucha entre los principios del liberalismo y de la reacción.

Liberales y Radicales y el Estatuto Real de 1834

Con la muerte de Fernando VII, el tapón de botella salió disparado. En abril de 1834, Martínez de la Rosa elabora el Estatuto Real, arreglo constitucional conservador que divide al liberalismo en dos corrientes.

Los moderados

Eran la aristocracia y la alta burguesía:  los terratenientes de Vizcaya, funcionarios de carrera, abogados establecidos, periodistas afrancesados… En agosto de 1936, la revuelta de los sargentos en la Granja obliga a la Monarquía a nombrar un gobierno radical (progresista) apoyado por la Milicia Nacional (enemiga de los moderados) y los ayuntamientos democráticos.

El credo moderado, representado por Martínez de la Rosa, y heredero de Jovellanos, pretendía defender la clase dominante sin atender las premisas carlistas. Rechazaban la soberanía popular (el pueblo es ignorante) y su constitución estrella fue la de 1845. Querían un ejecutivo fuerte (el Rey) y una Cortes sin iniciativa.

Los Progresistas

Representaban a la clase media urbana ilustrada, si bien era de una gran heterogeneidad social y de unas creencias vagas y retóricas. El partido lo integraban los llamados “pretendientes”: clases medias urbanas desempleadas que aspiraban a cargos gubernamentales para ganarse la vida. Por ese motivo, cada partido deseaba controlar la Administración Local.

El poder soberano reside en la Nación, que crea las constituciones que a su vez han de ser aceptadas por el Rey. Sus constituciones favoritas serán las de 1812, 1837 y 1869. Los Progresistas se diferenciaban de los Moderados en su europeísmo, sus ataques a la Iglesia y su individualismo económico. Como se veían como la encarnación legítima del pueblo, si se les impedía el acceso al poder, la nación soberana podía ser llamada a las barricadas. De hecho, la hostilidad del Rey y la superioridad electoral de los moderados, hacía que el únivo modo de que los Progresistas llegaran al poder era presisamente la Revolución, como así sucedio en 1835 (revoluciones populares urbanas), 1836 (motín de los sasrgentos) o 1840 (Espartero).

Fases de las  revoluciones populares primitivas:

  1. Empeora la pobreza de las masas urbanas (desempleo, impuestos sobre el consumo, subida de precios…).
  2. Surge un temor a las conjuras carlistas: quema de conventos, matanzas en prisiones, brutalidad…
  3. Revolución provincial popular primitiva que se difunde de ciudad en ciudad. Las autoridades locales pierden el control.
  4. Los políticos progresistas pasan a controlar la revolución popular, restablecen la paz social y una Junta de ciudadanos respetables.
  5. Restauración del control por un gobierno que “representa” la revolución, pero en realidad la anula.

Madrid no era una capital revolucionaria, la revolución se gestaba primero en provincias.

La política del Liberalismo, 1833-1840, y el auge de Espartero

Martínez de la Rosa creía que ganaría la guerra carlista si creaba una Constitución que uniera los grandes intereses de la sociedad. Los Radicales, en cambio, abogaban por una leva en masa y el ajusticiamiento de los traidores.

Martínez de la Rosa acaba dimitiendo en 1836 porque no logra contener el Carlismo ni las revueltas urbanas. Mendizábal es nombrado ministro de Hacienda y luego primer ministro para contentar a los radicales. Se podría hablar de él como el primer estadista moderno. Los ingleses le ayudaron a conseugir el poder, por lo que perjudicó al textil catalán favoreciendo las importaciones inglesas. Las tierras de la Iglesia y los conventos (ambos filo carlistas), se convirtieron en bienes nacionales, permitieron pagar deuda y lograr préstamos. También se abolieron los diezmos.

El objetivo de los liberales era someter la Iglesia al poder civil. Durante el proceso, hubo un ambiente de violencia popular anticlerical. Pasadas las confusiones carlistas, los moderados y la Iglesia sellaron una alianza permanente. Las tierras de la Iglesia puestas a la venta por Mendizábal acabaron siendo compradas por especuladores y caciques.

Maria Cristina acaba echando a Mendizábal, pero la revuelta de los sargentos de 1836 exige la vuelta a la Constitución de 1812, aunque en su lugar se promulga la de 1837. Los exaltados, decepcionados, acabarían formando el PARTIDO DEMÓCRATA (de carácter republicano) en 1848. Los conservadores también rechazarán la constitución del 37, defendiendo en su lugar el Estatuto Real de 1834, y  formarán el PARTIDO MODERADO. Así, el PARTIDO PROGRESISTA, en lugar de conseguir la unión de los liberales, consiguió su división en tres grupos.

La revuelta de los sargentos asustó a los militares y a la clase media, de manera que de 1837 a 1840 gobernarán los moderados tutelados por los militares. Una de sus primeras medidas será acabar con la independencia de los ayuntamientos, bastión progresista, lo que provocó la reacción del general progresista Espartero, que echó del poder a la reina Maria Cristina en la Revolución de 1840. Los moderados se apoyarán en otro militar, Narváez.

El siglo XIX fue el de los pronuncionamientos, golpes de estado y revoluciones  liberales. El XX será el de las revoluciones obreras. Eso sí, cuando un revolucionario llega al poder, lo primero que hace es prohibir  las revoluciones de los demás.

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This entry was posted on October 20, 2013 by in historia, liberalismo and tagged , , , , .
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