Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

Cárceles en España

Historia 16. Extra VII. Octubre 1978.

panopticoCinco siglos de cárceles

Históricamente la cárcel se ha entendido de dos maneras distintas: como pena o como medida preventiva y antesala del juicio. Actualmente se considera un medio de rehabilitación y reforma del delincuente.

Cuando no había un sistema penitenciario, se ejercía una represión física sobre el delincuente (azotes…) o se recurría a la reducción a servidumbre, el destierro o la confiscación de bienes, como en épocas romanas o visigodas. Tras estos castigos, el delincuente recobraba la libertad.

Con las deudas, el deudor podía quedar como esclavo del acreedor, o confinado en una prisión, no tanto como medida coactiva sino para forzarle a pagar.

Una modalidad peculiar de cárcel fueron las Galeras. También se dió una función utilitaria a las penas, según las necesidades militares o de las obras públicas.

Las cárceles atestadas en régimen de promiscuidad que propiciaban las enfermedades y los desórdenes fueron con el tiempo sustituidas por el aislamiento en celdas de los presos.

La vida en las cárceles españolas de la época de los Austrias

En la literatura española de los siglos XVI y XVII, la cárcel es la quintaesencia de la miseria y el dolor. Una algarabía de ruidos y desorden, donde los bribones eran los que salían adelante en la vida carcelaria, mientras que las personas honradas se encontraban indefensas.

Las penas aplicadas con mayor frecuencia eran el destierro, los azotes, las galeras y la horca. Sólo quedaban en la cárcel los deudores, que permanecían retenidos hasta no pagaran sus deudas o llegaran a un acuerdo con sus acreedores.

El drama carcelario se acentuaba porque el sistema penitenciario no preveía como servicio regular la manutención de los detenidos, que tenían que pagar la comida de sus bolsillos. Y cuando conseguian la libertad, aún tenían que pagar una serie de costas y pagos, que acababan con los pocos ahorros que pudieran haber conservado,.

El caos era común. Durante todo el día, deambulaban sin ningún control todo tipo de visitantes. Las mujeres y amigas de los presos a veces incluso se quedaban por la noche con ellos. Había pocas precauciones, de manera que las evasiones eran frecuentes, lo extraño es que no hubieran más. El medio más generalizado de escapar era salir disfrazado de clérido o mujer.

Para otros, sin embargo, la cárcel se convirtió en un hogar, como el caso de un barbero que, una vez cumplida su pena, se quedó a vivir en la cárcel, en la que obtenía píngües beneficios.

La función penitenciaria de las galeras

galera“La guerra es el barco de la guerra movido por el remo (decía Marañón), porque el viento es el azar y el azar es un mal aliado del que lucha”. Aún así, las galeras tripuladas por reos era una práctica tenida como peligrosa e insegura.

Las galerías se establecieron en 1530, y fueron suprimidas por Carlos IV en 1803 cuando la nave de remos se convirtió en lenta, costosa y no utilizable en todas las épocas del año, y fue reemplazada por otras naves más perfectas.

Las galeras permitían conmutar ciertas penas: penas corporales, destierro perpetuo y otras similares, pero no los delitos graves, ya que se pensaba en las galeras como un beneficio a favor del galeote. Cuando había más necesidad de brazos para atender a la Armada, aumentaba el tipo de penas que se podían conmutar. Así les sucedió a cuatro malhechores, que acompañaron a Colón en su primer viaje, y que a cambio vieron suspendidos sus procesos e indultadas sus penas. El trabajo de remero parecía a priori mejor que la amputación de una mano o un pie.

Carlos I advierte que la pena de galeras no ha de ser inferior a dos años, con criterios no de recuperación del delincuente, sino de utilidad. Fueron definidas como “infierno flotante”, en la que los galeotes eran encadenados a otros desde el principio. La alimentación era pésima. La muerte era saludada en muchos casos como una verdadera salvación. La pena se limitó a 10 años puesto que pocos resistían tantos años. Tal vez lo peor era la indeterminación de la pena, que solía continuar incluso una vez cumplida la condena.

La gente de dinero podía librarse fácilmente de las galeras mediante el pago a funcionarios corruptos.

Las cárceles inquisitoriales

Aunque parezca extraño, las cárceles de la Inquisición fueron menos intolerables que las civiles o episcopales. Incluso presos de estas últimas intentaban que les enviasen a las inquisitoriales, donde por ejemplo se admitía la reconciliación a quien reconocía espontáneamente su culpa.

Eran muy diferentes las cárceles para la reclusión durante el proceso (preventiva, secreta y severa) y otras para cumplir la pena temporal o perpetua (más laxas). Históricamente tuvieron más importancia las primeras, cuyos procesos se alargaban interminablemente. Al revés de la actualidad, en la que se es inocente mientras no se demuestre lo contrario, en la Inquisición operaba el principio opuesto.

Había un cierto humanitarismo con los hijos de los penados a cadena perpetua, sobre todo si eran judíos, para atraerlos al cristianismo. La pena de presión cada vez fue más rara y corta, ya que obligaba al sostenimiento económico de instalaciones y reos, y la cadena perpetua nunca se cumple.

Las cárceles y el sistema penitenciario bajo los Borbones

El oficio de alcaide (jefe de una prisión) era vendido por la Hacienda Real al mejor postor, no al mejor preparado.

El Derecho Romano dice que la prisión preventiva debía retener a los hombres, no castigarlos. Pero los reos permanecen mucho tiempo en espera de ser juzgados, mezclados los condenados por delitos leves con los de delitos graves. Se procuraba coaccionar al procesado para que confesara su culpa, espontáneamente o mediante tormento. Permanecían con grilletes o cepos en sitios sucios y mal ventilados. Eso sí, si había dinero, el régimen carcelario se dulcificaba notablemente.

Muchos penados conseguían huir cuando eran trasladados de unas cárceles a otras. La desproporción entre delitos y penas era muy grande. Además, había indeterminación en las penas privativas de libertad, y criterios utilitarios para establecerlas o conmutarlas.

En el siglo XVI, las penas corporales o de muerte se conmutaban por galeras con duración indefinida o a perpetuidad. En 1748 se suspendieron las galeras, porque ya no habían galeotes. A partir de entonces, los condenados iban a las minas de Almadén, a los presidios de África (la pena más temida por aquellas fechas) o al servicio de armas. Las galeras fueron restablecidas por Carlos III en 1784 para luchar contra los piratas argelinos.

Había dos tipologías de delincuentes: delincuentes menores, no absolutamente pervertidos, y autores de delitos feos y denigrativos, sin esperanza de enmienda. No se les enviaba a los presidios de África por miedo a que se pasasen al moro.. En cambio, se les enviaba a los arsenales de El Ferrol, Cádiz y Cartagena. La lógica de la utilidad se imponía.

Los regímenes más pogresistas son los que han intentado reformas penitenciarias. Así, se estableció la separación entre presos comunes y políticos. En algunos casos se prefiere el sistema penitenciario de clasificación (gravedad del delito, edades, duración de las condenas) y comunicación (los internados conviven salvo en aislamientos disciplinarios),

El “sistema celular” se basa en la idea del aislamiento porque el delincuente es un enfermo de la voluntad, un pervertido por malos contactos. Encerrado en una celda sin más contacto que los carceleros puede acabar corrigiéndose. A veces se les ponía un capuchón al salir de la celda para no ver a nadie. Algunos expertos, sin embargo, señalaron con razón que el aislamiento conducía a la locura.

El “sistema mixto” fue el elegido por la Ley de bases para la reforma penitenciaria de 1869. Consiste en la separación de los penados durante la noche y el trabajo en común durante el día.

El “sistema progresivo”  consiste en mejorar la vida del recluso, dependiendo de su comportamiento, a medida que le queda menos condena por cumplir: trabajo fuera del establecimiento, salidas temporales… Se acabó imponiendo en 1913.

Los penados trabajaron en el tendido de la red ferroviaria, la construcción de caminos y otras obras públicas.

El cabo de vara era un anfibio, un preso que vigilaba a los demás presos. lo cual iba en contra del consejo de Concepción Arenal de que ningún preso tenía que tener poder sobre otros. En las antihgiénicas cárceles son frecuentes las enfermedades: tuberculosis, cólera, enfermedades respiratorias, fiebres…

Las cárceles de mujeres

En el siglo XVII se llamaban “galeras de mujeres”. Se criticaba que las mujeres de la época habían perdido el temor a Dios y a la justicia y andaban haciendo un tremendo estrago en los pobres. Sobre todo las empleadas del hogar.

Para corregir el problema desde el inicio, se crearon colegios para niñas huérfanas, donde aprenderían “cristiandad y policía”. Para las mujeres perdidas, se crearon casas-galeras: “que ninguna mujer se atreva a andar vagando, ni ociosa, ni estar sin amo”. El ocio era visto como “fuente y origen de todo pecado”.

Las  galeras para mujeres fracasaron porque no descubrieron las causas económicas y sociales que habían arrastrado a las pobres mujeres a la “mala  vida”.

Al ingresar en prisión, a las mujeres se les quitaba sus ropas y se les rapaba la cabeza. Si una mujer reincidía y volvía varias veces a la galera, se estipulaba que a la cuarta sería ahorcada en la misma entrada.

Las reformas del sistema penitenciario durante la II República

Lo primero fue sustituir los camastros inmundos por jergones nuevos. Las celdas de castigo, cadenas y grilletes fueron suprimidos en todas las prisiones y penales. Llegaron a suprimirse 115 cárceles.

El problema clave era la depuración del personal penitenciario. Por ello se creó el Instituto de Estudios Penales para la formación del nuevo personal de prisiones. También se creó el Cuerpo Femenino de Prisiones para sustituir a las monjas que actuaron hasta entonces.

Los castigos corporales no estaban en el reglamento, pero aún se infligían. Según Concepción Areanal, “el hombre nunca sale de la prisión como entró: o sale reformado o pervertido”. El ideal es que el delincuente vuelva a integrarse a la sociedad.

Las prisiones españolas desde la Guerra Civil hasta nuestros días

De origen cristiano se ,llegó a establecer la redención de penas de hasta cinco días de condena por uno de trabajo. Pero había tantos presos en las cárceles franquistas que se dieron libertades condicionales anticipadas y finalmente a un indulto general en 1945 para vaciar las prisiones de culpables de delitos políticos cometidos durante la guerra.

Se implantó un sistema progresivo de ejecución de las penas muy flexible, consistente en la división de la condena en varios grados o períodos, en cada uno de ellos aumentan los derechos o beneficios del penado, que se va preparando para la vuelta a la libertad: reeducación, readaptación social, prelibertad y libertad condicional.

La idea base es que el interno continúa formando parte de la sociedad. La reclusión máxima en celda de aislamiento pasa a ser de 16 días.

Se ha afirmado que las prisiones son una institución burguesa de sometimiento de de las personas rebeldes al sistema, pero lo cierto es que todos los regímenes políticos tienen prisiones como mal necesario para los infractores de la ley. Los reos estaban obligados a ir a los oficios religiosos. No habían instalaciones deportivas, lo cual podía haber aliviado las tensiones sexuales. Los reos aceptaban el trabajo, mucho mejor que el ocio constante. Los funcionarios no fueron los mejores: eran ex combatientes o jubilados del ejército.

Tras la guerra civil, se habla de 200.000 fusilados y 300.000 recluídos. En los 50s se reduce el número de presos, al mismo tiempo que se crean células de partidos y sindicatos clandestinios que empiezan a luchar por los derechos de los presos. De entrada, los políticos no querían ser confundidos con los presos comunes. Todo se resolvió con la amnistía de julio de 1976. Pero eso endureció el ánimo de los comunes, que se consideraban injustificados. A finales de 1976 nace la COPEL (Coordindora de los Presos en Lucha). En 1977 la violencia se extiende por muchos penales, llegándose a la destrucción de Carabanchel el 18 de julio de 1977.

En 1978 Carlos García Valdés introduce reformas. No se acepta la amnistía general porque se sabe que los amnistiados o evadidos suelen volver a delinquir. Se separan los reclusos por sexo, edad, condición de preventivos o penados, primarios o reincidentes, slud, etc. Se prefiere la celda individual. Se suprime el uniforme.

Arquitectura carcelaria en España

Ejemplo de cárcel medieval es la gótica Puerta de Serranos (1398) en Valencia. Mateo Alemán y Cervantes estuvieron en la importante cárcel de Sevilla, “donde (según Cervantes) toda incomodidad tenía su asiento y donde todo ruido hacía habitación”. En ella había sucesivamente una Puerta de Oro, otra de Hierro y otra de Plata, según las monedas de ese metal que tenía que dejar el reo según las traspasaba. Tenía cuatro tabernas, ya que el gobierno no se ocupaba de la manutención de los reos.

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This entry was posted on March 23, 2014 by in historia and tagged , .
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