Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

Pere Gabriel: El Anarquismo en España

Ariel, Barcelona, 1979 (1ª ed. 1962). Capítulo 11 de George Woodcock:  “Anarquismo: Una historia de las ideas y los movimientos libertarios”.

anarquismoLos orígenes

Todo empieza en el sexenio revolucionario (1868-1873) y se relaciona con el obrerismo internacionalista, Proudhon y algunos socialistas utópicos. Pero, ¿por qué arraigó y perduró en España?

Gerald Brenan, en The Spanish Labyrinth (1943), catalogó el anarquismo hispano como fundamentalmente rural y artesanal. Su presencia en Catalunya se justificaba por la presencia de la inmigración y la muy represiva política de la burguesía catalana (J. Vicens Vives) y también por la dispersión de las pequeñas empresas catalanas (P. Vilar). Otro aspecto a tener en cuenta es el papel del federalismo como reacción a un estado centralista (J. Termes).

El período revolucionario burgués español, que supuso el fin del Antiguo Régimen, va de 1808 a 1837. El Estado se convierte en instrumento de gobierno de la burguesía, pero no de una burguesía industrial (sobre todo presente en Catalunya), sino de una burguesía comercial terrateniente de base agraria (sobre todo presente en Andalucía) que emerge gracias a las desamortizaciones. Esta tendencia se refuerza en el bienio progresista (1854-56).

El campo español se proletarizó rápidamente, sobre todo desde la desamortización de 1855. El excedente de mano de obra campesino no lo pudo absorber una industria muy limitada. Ello fue la causa de desequilibrios y estallidos sociales. En 1900 no había más de 500.000 personas trabajando en la industria en España.

La incidencia del socialismo utópico se produjo entre 1833 y 1868: Saint Simon (Barcelona), Fourier (Cádiz), Proudhon y Cabet. Fueron teorías que influyeron en el partido democrático y el republicano de Abdó Terradas o Narcís Monturiol. La burguesía catalana tenía miedo de la agitación democrática, igualitaria y republicana. sobre todo después de las bullangas de 1835-36. La burguesía quería mantener el orden, pero ese orden burgués suponía la explotación del obrero, la lucha de clases y el desorden.

1864. La AIT.

Prouchon influyó mucho en el antiestatismo, federalismo pactista y socialismo de Francesc Pi i Margall, a través del cual pasó al movimiento obrero. Así, los primeros anarquistas partieron del federalismo pimargalliano, sobre todo de su La Reacción y la Revolución de 1854. Cuando las ideas de Proudhon llegaron a España (1868-73), ya se conocían gracias a Pi i Margall.

La configuración del primer anarquismo español se basa, por tanto, en el socialismo utópico, Proudhon y Pi i Margall, pero la aparición real vino con Bakunin y su programa de la Alianza de la Democracia Socialista en 1869:

  • igualitarismo económico, abolición de la propiedad privada, colectivismo
  • igualitarismo social y acceso igualitario a la educación
  • antiestatismo: rechazo de la política
  • colectivismo

En la AIT, a partir de 1864 los marxistas vencen a los proudhonianos y los mutualistas. En 1869, la polémica entre marxistas y bakuninistas se centró sobre todo en el antiestatismo, que era una postura lógica, dada la poca capacidad integradora del estado español decimonónico.

La AIT llega a España de la mano de Fanelli gracias a la revolución de 1868. Los obreros estaban en la línea reformista del republicanismo federal.

1870. La FRE.

En 1870 se creó en Barcelona la primera organización anarquista española: la “Alianza de la Democracia Socialista en España“. Enseguida se creó la Federación Regional Española de la AIT, dominada por los bakuninistas, y que pasó a militar en la llamada Internacional Antiautoritaria, la cual a partir de 1873 pasó a estar dominada por planteamientos anarquistas post-Bakunin: Malatesta, Kropotkin y otros, que defienden el camino revolucionario, insurreccional y nihilista, algo alejado de la vía sindical.

En 1874, la FRE cayó en la clandestinidad tras la caída de la I República, lo cual agudizó la tendencia anarquista, desaconsejó la huelga sindical y fomentó las represalias de los grupos de acción. Sin embargo, a partir de 1881, el grupo anarcosindicalista catalán consiguió imponer sus ideas: la gestión de los medios de producción en la futura sociedad corresponderá a los sindicatos.

1884. La clandestinidad.

En marzo de 1881 se crea una FTRE legal, con presencia también de marxistas, y con base sobre todo en Andalucía, Catalunya, y País Valenciano.  La  dirección estaba en Barcelona (anarquistas sindicalistas), pero el peso de afiliados en Andalucía (anarquistas revolucionarios partidarios de la violencia). Las represalias llevadas a cabo en Andalucía llevaron al Estado a inventar una trama terrorista llamada Mano Negra, y con esa escusa encarcelaron a muchos miembros de la FTRE andaluza. La FTRE no resistió la represión y se vino abajo.

En 1884 de volvió a la clandestinidad. El anarco-colectivismo reformista catalán había sido derrotado. Se pasó a un período de intelectualización del anarquismo español: hubo muchas revistas de Sociología (El Productor, La Revista Blanca), muchas traducciones de anarquistas europeos como Kropotkin, Malatesta, Jean Grave o Élisée Reclus, que defendían la revolución interclasista de todo el pueblo.

Apareció finalmente un anarquismo sin objetivos, que alineó a Fernando Tarrida del Mármol, Joan Montseny (Federico Urales), Teresa Mañé y Anselmo Lorenzo. Esta línea intelectualista, nietzscheana y poco práctica atrajo a bastantes intelectuales jóvenes como Pompeu Gener. Jaume Brossa, Unamuno, Azorín, Julio Camba o Pío Baroja, que colaboraron con la prensa anarquista.

El pensamiento anarquista recibió una gran influencia del positivismo inglés (Spencer, Ricardo Mella) y del materialismo de Büchner. En cambio el darwinismo (ley materialista y científica sobre el origen de la vida) y el malthusianismo (parece justificar la desigualdad social y la lucha por la existencia que arrincona a los más débiles) fueron finalmente descartados, sobre todo a raiz del Mutual Aid (1902) de Kropotkin.

El pensamiento de Nietzsche, de Max Stirner y la literatura individualista de Ibsen o Carlyle tuvieron buena difusión entre los anarquistas por sus ataques a los convencionalismos de la burguesía o la afirmacion radical del individualismo egoísta, pero chocaron con la esperanza de conciliar individualismo y solidaridad, con la fe ciega en la razón. La influencia de Nietzsche y Stirner fue marginada, si bien congifuró un minoritario Anarquismo Individualista.

El anarquismo español de principios del siglo XX creía que la sociedad era naturalmente armónica, para que esa armonía apareciese era necesario cambiar la ley por la ciencia.

1891. Atentados.

Entre 1882 y 1895 hubo una fuerte depresión en la producción de cereales, y luego de vides. Y en 1898 se perdieron las colonias: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Aumentaron los latifundios, el éxodo rural y el descrédito de la casta política de la Restauración. La inestabilidad política fue la constante del primer tercio del siglo XX.

En 1891 se produjo una insurrección en Jerez de la Frontera. a la que siguió la habitual feroz represión. Como respuesta, hubo una oleada de atentados y bombas, sobre todo en Barcelona: bomba contra el Liceo en 1893 (20 muertos), atentado contra la procesión del Corpus en la calle Canvis Nous en 1896 (12 muertos).

Volvió la represión, en este caso contra el anarquismo catalán en lo que se llamó el Proceso de Montjüic, que detuvo a 400 anarquistas, sin garantías jurídicas y usando torturas. En 1896 se desencadenó una campaña internacional, dirigida entre otros por Federico Urales, para revisar los procesos de Jerez, Mano Negra y Montjüic, que acercó el anarquismo a la joven intelectualidad del momento.

El terrorismo individual anarquista (la Propaganda para el Hecho) ya atentó contra Alfonso XII en 1878-79, pero tuvo su cénit en el asesinato del jefe de gobierno conservador Antonio Cánovas del Castillo.

1900 La Solidaridad Obrera

En 1907 se constituye la Solidaridad Obrera catalana entre obreros anarquistas, socialistas y algunos republicanos. A comienzos de siglo, el anarquismo (intelectuales para los que la idea engendra la acción y que quieren liberar a la humanidad) volvió a contactar con el sindicalismo  (luchas económicas inmediatas y pragmáticas de la clase obrera).

Les unía el antiestatismo y la voluntad anarquista de acercarse a los sindicalistas para aumentar su influencia y su vitalidad. La estrategia pasó a utilizar la reivindicación de la jornada de 8 horas para continuar en una huelga general que desembocase en la revolución social, según la famosa parábola de Saint-Simon: si los productores dejaban de trabajar, el sistema social imperante se hundiría. Pero no se hundió.

En 1909, el gobierno de Maura llamó a los reservistas para aumentar la intervención española en Marruecos. Hubo en Barcelona una huelga general y una insurrección de anarquistas, socialistas y sindicalistas. Hubo más de 100 muertos y más de 100 edificios religiosos incendiados. La represion después de la Semana Trágica fue dura una vez más, y acabó con el fusilamiento de Francesc Ferrrer i Guàrdia, acusado sin pruebas de ser el jefe de la revuelta.

1910 La CNT

La Solidaridad Obrera, abandonada por los socialistas, pasó en 1910 a convertirse en la Confederación Nacional del Trabajo, que se fundó con la intención de acabar fusionada con la UGT para conseguir, mediante huelgas generales, un cambio revolucionario tras el que la producción la iban a dirigir los sindicatos. Mientras, la UGT crecía en Madrid y Vizcaya. Tras la huelga general de 1911, la CNT fué ilegalizada hasta 1915, momento en el que la mayoría de anarquistas eran anarco-sindicalistas, y los teóricos estaban viejunos o de retirada.

Había ya un cierto desarrollo industrial: el textil algodonero catalán y la siderurgia vasca, asturiana y cántabra, que se incrementó a partir de 1914 y aún más gracias a la neutralidad durante la I Guerra Mundial.

Nuevos dirigentes sindicalistas surgieron entonces: Ángel Pestaña, Joan Peiró, Salvador Seguí. La CNT se reorganizó, pasando de los sindicatos de oficios a los Sindicatos Únicos de industria. Se acordó el apoliticismo frente a los partidos políticos, pero también frente a los grupos ácratas, que acabaron integrándose en la CNT.

La reorganizada CNT provocó numerosas huelgas entre 1917 y 1919, siendo la más famosa la de La Canadiense en Barcelona.  La represión y los atentados en Barcelona se sucedieron entre 1919 y 1922 . En  1919 la patronal creó una banda de pistoleros y después los SIndicatos Libres para acabar con los dirigentes obreros.

La Revolución Rusa causó más admiración entre los anarquistas (controlados entonces por Maurín y Nin) que entre el PSOE-UGT, más moderados, aunque cesó cuando se conocieron más detalles, entre ellos la represión contra los anarquistas.

1923 Dictadura de Primo de Rivera

El movimiento obrero fue muy activo hasta que volvió a una fase defensiva en 1920, cuando volvió la crisis. Desde 1922, el poder de la CNT pasó a los anarcosindicalistas.

Con la dictadura de Primo de Rivera, se prohibieron las publicaciones anarquistas, entre ellas la más importante, Solidaridad Obrera. Muchos se exiliaron a Francia y Argentina. Desde Buenos Aires, Diego Abad de Santillán defendía un movimiento obrero explícitamente anarquista. En 1927 se creó la FAI para aglutinar a todos los anarquistas, aunque no consiguió unir al grupo de la Revista Blanca (antisindicalistas y defensores de la ortodoxia anaquista).

1931 La 2ª República

Todos estos problemas llevaron a la República, que tardó dos años en aprobar una tímida reforma agraria cuando ya estaban generalizadas las ocupaciones revolucionarias de las tierras.

Tras la caída del dictador, una CNT dominada por los sindicalistas intentó un acercamiento a los republicanos, pensando que la República daría continuidad a la . Con Pestaña como secretario general, la CNT fue legalizada y consiguió entre 1930 y 1931 un aluvión de 800.000 afiliados, sobre todo en Catalunya, País Valenciano, Andalucía Oriental y Aragón. Pero los anarquistas puristas no aceptaron la República.

A partir de 1933,  el grupo anarquisa revolucionario “Nosotros” (Francisco Ascaso, García Oliver, Durruti y Ricard Sanz) pasó a dirigir el faísmo. Sólo ellos se opusieron a la colaboración con la nueva democracia burguesa. Sus planteamientos se acabarían imponiendo en la CNT.

Antes, en el Congreso de Madrid de junio de 1931 los sindicalisas consiguieron aprobar las federaciones nacionales de industria, herramientas útiles para luchar contra los patronos y también para preparar la gestión futura de la producción por parte de los trabajadores. Pero los anarquistas querían una revolución a corto plazo, bien planificada (anarco-bolcheviques), bien espontánea (Federica Montseny).

Los sindicalistas firmaron en agosto el Manifiesto de los Treinta (Joan Peiró, Angel Pestaña...), pero no consiguieron evitar el enfrenamiento de la CNT c on la República, plasmados en los movimientos insurreccionales de l’Alt Llobregat (enero 1932), que establecieron el comunismo libertario durante una semana. Solidaridad Obrera cayó en manos de los faístas (Felipe Alaiz, Eusebi C. Carbó…)  Federica Montseny y García Oliver presionaron hasta conseguir la dimisión de Pestaña como secretario general de la CNT; que fué sustituído por el faista Manuel RivasPestaña creó el Partido Sindicalista, y los sindicatos de Sabadell se pasaron a la UGT.

En enero (Casas Viejas) y diciembre de 1933 la CNT inició un ciclo insurreccional. En las elecciones de 1933, la CNT se abstiene, y ante la victoria de la derecha, se lanza de nuevo a la insurrección, que vuelve a fracasar.

En la insurrección de octubre de 1934, la CNT de alía con la UGT en Asturias, dentro de las llamadas Alianzas Obreras, pero se inhhibe en la revuelta independentista de ERC en Catalunya.  Pero la represión en Asturias (30.000 encarcelados) favoreció que las posiciones aliancistas penetraran en Catalunya, consumándose en el voto frentepopulista en las elecciones de febrero del 36. En el congreso de mayo de 1936 triunfaron los faístas.

Durante la II República hubo un debate sobre la sociedad futura. Urales y los anarquistas no querían ningún programa, sino la simple vuelta a unos municipios libres agrarios y autosuficientes.  Sin embargo, Joan Peiró y los sindicalistas tenían un programa industrialista, descentralizado, post-capitalista (no anticapitalista) pero liderada por los sindicatos.

1936. La Guerra Civil.

La CNT y los anarquistas lucharon contra el alzamiento militar y acabaron colaborando con las instituciones republicanas. El hombre fuerte de la FAI, Diego Abad de Santillán, fue el artífice del Comité Central de Milicias Antifascistas, venciendo la oposición de García Oliver y el grupo Nosotros, que querían organizar un poder revolucionario exclusivamente anarcosindicalista.

Se colectivizó la industria y se municipalizó la tierra y se sustituyeron los ayuntamientos por consejos comunales. Pero pronto se disolvió el Comité, y el 27 de septiembre la CNT entró en el Gobierno de la Generalitat, y el 4 de noviembre en el Gobierno republicano de Largo Caballero con Joan Peiró yJoan López (sindicalisas), y Joan García Oliver (anarco-bolchevique) y Frederica Montseny (anarquismo filosófico y ortodoxo). A pesar de su antipoliticismo, era necesario participar en el nuevo poder, que de otra manera quedaría en manos de los republicanos burgueses.

La CNT-FAI ya sólo controlaba las colectivizaciones del frente de Aragón. Mientras, la ayuda soviética favoreció el creciente éxito de los comunistas y su apoyo a los sectores no obreros.

Los hechos de mayo de 1937 enfrentó al POUM y CNT-FAI contra PSUC y Generalitat. Poco después caía el gobierno de Largo Caballero, los anarcos salieron del gobierno catalán y pasaron a un segundo plano. La CNT  intentó centralizarse e incluso luchó y consiguió una cartera (Segundo Blanco) en el gobierno Negrín.

FInalmente, el exilio anarquista español no consiguió una reformulación ideológica ni la reunificación de todo el movimiento libertario.

 

 

 

 

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This entry was posted on April 6, 2014 by in anarquismo, historia and tagged .
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