Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

Williard van Orman Quine: Paradojas

Aristóteles:”Adquirir saber produce placer; por eso a todos gusta la filosofía y todos quieren dedicarle ratos, dejando de lado otras cosas.”

Federico ha llegado a los 21 años después de haber celebrado sólo 5 cumpleaños. ¿Es posible? Sí, porque Federico nació el 29 de febrero, fecha que sólo se da cada 4 años, en los años bisiestos. Entonces, ¿por qué tiene un lado paradoxal? Porque al principio parece absurdo, ya que es fácil olvidarse de los años bisiestos. Una paradoja, por tanto, es una conclusión que al principio parece absurda pero que siempre tiene un razonamiento que la vuelve creíble.

Bertrand Russell propuso una paradoja: En un pueblo hay un barbero. Este barbero sólo afeita a los hombres que no se afeitan a sí mismos, y por eso van al barbero. Pregunta: ¿se afeita el barbero a sí mismo? Nos encontramos con una dificultad si decimos que el barbero se afeita a sí mismo, y con otra si decimos que no lo hace. La solución a la paradoja es decir que no existe este tipo de barbero. Nos enfrentamos a una reducción al absurdo. Demostramos que el barbero no exise suponiendo que de existir se afeitaría a sí mismo sólo si no se afeita a sí mismo.

La paradoja de Zenón

La paradoja de Zenón

Estas paradojas son verídicas, pero también hay paradojas falsídicas, como las de Zenón, por ejemplo la de Aquiles y la tortuga. La proposición absurda es que por mucho que corra Aquiles, y por muy lentamente que se mueva una tortuga, Aquiles nunca la adelantará. El argumento es que cada vez que Aquiles llegue a un sitio donde ha estado la tortuga, la tortuga se habrá avanzado algo. Generalizando, la falacia consiste en la noción equivocada de que cualquier sucesión infinita de intervalos de tiempo ha de sumar toda la eternidad. Es una paradoja porque parece lógica, pero contradice cualquier experiencia cotidiana. Lo que soluciona la paradoja es que la suma de intervalos infinitos es un intervalo finito, momento en el que Aquiles alcanza la tortuga.

El cretense Epiménides dijo que todos los cretenses eran mentirosos. Por tanto, él era mentiroso porque era cretense. Pero al mismo tiempo decía la verdad. Pero es difícil que todos los cretenses sean mentirosos, y que Epiménides siempre mintiese. El enunciado, por tanto, no estaba bien construído.

La paradoja anterior tiene un ejemplo aún mejor, es la llamada Pseudomenon, que dice “estoy mintiendo”. Se trata de una antinomia: un enunciado que es verdadero si, y sólo sí, es falso. Para analizarlo, tendríamos que decir “‘este enunciado es falso’ es falso”, siendo la suma de las dos frases algo cierto. O algo así.

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This entry was posted on June 9, 2014 by in filosofía and tagged , .
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