Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

Irene Castells: Els rebomboris del pà de 1789 a Barcelona

Introducción

barcelonaDespués de la buena cosecha de 1756, extrañamente subieron los precios, lo cual contentó a los vendedores. Y facilitó que Carlos III autorizase una primer libertad de comercio de los  granos, que de momento quedó sobre el papel.

Los cereales eran el centro de la vida económica del Antiguo Régimen. De su producción y precios dependían, por un fenómeno de contagio económico, los salarios y renta del comercio y la industria.

Hasta ahora, se daba preferencia al consumidor, lo cual perjudicaba a la la productividad de la agricultura. El dilema era: producción para el comercio o para la subsistencia. El Antiguo Régimen vivía bajo el continuo peligor del hambre. Los reglamentaristas decían que todo el mal venía de los especuladores, los acaparadores y los comerciantes. Tenían parte de razón, pero no toda.

El ilustrado Campomanes, presidente del Consejo de Castilla defendía que el comercio iguala los precios y frena el alza en tiempos de carestía. Era eso cierto? No parece lógico. La pragmática de 1765, en una nueva coyuntura positiva, coronaba esta tesis.

Pero los consumidores, “el poble menut” de las ciudades reclamaba un precio bajo controlado por las autoridades, y al menor síntoma de crisis existía el peligro del motín alimentario.

Catalunya tenía una situación diferente al resto de España, que dependía menos de las crisis, ya que a través de Barcelona importaba granos a precios internacionales y tenía una agricultura intensiva que exportaba vino, aceite y aguardiente.

El abastecimiento de pan en Barcelona

La población creciente, que afluía hacia Barcelona atraída por su crecimiento industrial, podía constituir una amenaza para el orden si subían demasiado los precios.

El abastecimiento de pan en Barcelona usaba una solución intermedia entre el reglamentarismo del Antiguo Régimen y el incipiente mercado libre. Pero el Ayuntamiento conservaba un mínimo de provisiones por seguridad.

Establecimiento de la libre panificación en 1767

18Los comerciantes querían acabar con el casi monopolio del Ayuntamiento. Pero los horneros y panaderos, listos ellos, amasaban y vendían cuando el negocio daba dinero, y dejaban paso al Ayuntamiento cuando los precios del grano se encarecían y no habían beneficios. Lógico.

El Ayuntamiento, con razón, temía confabulaciones de horneros y comerciantes para subir artificialmente los precios de venta y para cometer fraudes y engaños en la calidad y peso del pan.

La cosecha de 1788 fue malísima en toda Europa. Aún así, la Audiencia de Barcelona (enemiga del Ayuntamiento y favorable al libre comercio), ordenó el 28 de febrero de 1789 un aumento en el precio del pan. Fue el comienzo de los alborotos del pan.

La crisis de subsistencias de 1789

La crisis de 1789 afectó a otros productos (vino, aceite, carne), pero el factor fundamental de la revuelta será el aumento del precio del pan.

Barcelona era una economía marítima con un mercado de carácter europeo. Las importaciones de trigo ejercían de regulador de su precio. Así, en 1787 encontramos características capitalistas en la problemática que existía: no es la carestía ni la especulación el problema, sino el el perjuicio al margen comercial debido a la coyuntura nacional e internacional.

Las medias estadísticas anuales del precio del trigo disimulan los movimientos cortos y estacionales, que sí reflejan subidas muy elevadas, que tienen su máximo el 28 de febrero de 1789, cuando estalla la revuelta del pan en Barcelona.

Los acontecimientos

paç Las características de la revuelta del pan de Barcelona son las típicas de todos los motines causados por la carestía de comestibles  que tuvieron lugar en las sociedades del Antiguo Régimen.

El motín vino precedido por las quejas populares al no encontrar pan en las panaderías  o encontrar pan de mala calidad, sobre todo en el pan moreno, el más consumido por las clases populares (y por cierto, el más sano a nuestros ojos actuales).

El “poble baix” asaltó las panaderías y quemó la panadería municipal, reclamando la rebaja del pan al precio del año anterior. También intentó quemar la casa de los arrendatarios de los hornos. La  tropa consiguió que el pueblo se retirase ya avanzada la noche.

Al día siguiente, el gobierno accedió a esa petición. Pero por la tarde continuó el motín, en protesta por la subida del precio de la carne, el vino y el aceite. También se aceptó. Aunque en seguida se publicó un edicto idiota prohibiendo que el pueblo se amotinase. Al día siguiente se reitó la caballería de la plaza de Palau, epicentro de las manifestaciones.

Causas

Se trata de un tipo de agitación social muy primitivo, previo a otros movimientos más eficaces en condiciones ya capitalistas que no generaban automáticamente motines alimentarios. La reivindicación principal era que se tasen los precios. El régimen de vida  era tan precario que la más pequeña elevación del precio de los alimentos de consumo diario desaborlaba el presupuesto popular.

El carácter espontáneo de estos movimientos parece evidente. Por eso no tiene sentido la tesis del complot que apoyaban los poderosos. También era destacable la participación de las mujeres, como agitadoras y dirigentes. Y la lucha contra los poderosos menos el rey: “Viva el Rey y muera el mal gobierno”.

Pero la revuelta no quería trastocar el orden social, se aceptaba la jerarquía tradicional sólo se querían conseguir objetivos a corto término.

Actitud y medidas del gobierno

Acabado el motín, hubo una dura represión. Pero eso no solucionaba la escasez de trigo en la ciudad. La solución típica de la época era la caridad de los ricos, insuficiente, pero que aligeraba las miserias que provocaba una todavía incipiente economía comercial.

Cinco meses después del motín, fueron ahorcados cinco hombres y una mujer, acusados de ser los promotores.

Conclusión

Las revueltas del pan en Barcelona eran un tipo de motín de subsistencias parecido a los que sucedieron en Francia antes de 1789 y que calificamos de pre-revolucionarios.

Pero la verdadera coyuntura revolucionaria no se dió en Barcelona, sino en Francia en 1789, cuando una burguesía fuerte y poderosa encontró el momento propicio para manifestar su decontento con las instituciones vigentes.

Las revueltas del pan barcelonesas no pasaron de ser altercados. Pero pusieron en alerta a las autoridades, que se preocuparon desde entonces por asegurar el abastecimiento de una forma más segura.

La libre panificación de 1767 había sido un fracaso, y se restringió la libertad de comercio. El Ayuntamiento asumió totalmente el abastecimiento de la ciudad. Pero el 5 de marzo el Capitán General dijo que la rebaja del pan concedida a los manifestantes de las revueltas no podía seguir. Y el precio volvió a subir.

La creación de un mercado nacional, la organización de un comercio potente,  un constante aumento de la producción y el crecimiento global de la sociedad hicieron innecesario el intervencionismo estata.

Las  contradicciones del Antiguo Régimen terminarían con la victoria de los liberales. Nuevas contradicciones aparecieron, personificadas en el proletariado.

 

 

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This entry was posted on May 16, 2015 by in historia and tagged , , , .
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