Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

Laura Rodríguez: El Motín de Madrid de 1766 (Esquilache)

Carlos III fue el déspota ilustrado español, reformó y modernizó el país. Los motines fueron la respuesta de algunos sectores del país a esa política reformista, y otras veces fueron un arma del propio gobierno.

El motín de Esquilache ha tenido varias interpretaciones

esquilache

Esquilache, un guaperas

 

  1. Fue un complot organizado por el Clero, y en concreto por los jesuitas para provocar la caída de Esquilache y del confesor real Eleta y sustituirlos respectivamente por Ensenada y un jesuita.
  2. El motín fue un tumulto popular y espontáneo. La masonería española (Aranda era el Gran Oriente y Campomanes era masón) se ocuparon luego de cargar las culpas sobre los jesuitas y labrar su consiguiente ruina.
  3. Las clases privilegiadas fueron los instigadores del motín, siendo las masas populares un dócil instrumento en sus manos. El motín fue una reacción a escala nacional de las clases privilegiadas contra los reformistas burgueses que les estaban desplazando de los principales puestos de la administración y de la política.
  4. El motín fue un movimiento popular instigado por la Iglesia, resentida contra Esquilache por sus medidas anticlericales. La carestía de los abastos fue la causa directa del motín. Y la xenofobia jugó un papel esencial.
  5. Los privilegiados intentaron un golpe de estado contra Esquilache como reacción a las reformas acometidas por este ministro. Los motines en el resto del país son una prueba de una conspiración a escala nacional de los privilegiados.
  6. Pierre Vilar ha aplicado a los motines de Madrid (y su reacción en cadena en Zaragoza y Guipúzcoa) el modelo europeo de motín de subsistencia (food-riot o grain-riot) típico del Antiguo Régimen como instrumento para fijar los precios. Se trata, por tanto, de una sublevación espontánea del pueblo, que no necesita instigadores para descubrir que su salario no le basta para comprar pan. Pero en Francia e Inglaterra este tipo de motines son mucho más hatituales que en España.

El motín de Esquilache

esquilache-1El 10 de marzo de 1766 apareció un bando en las calles de Madrid que prohibía el uso de las tradicionales capas largas y los sombreros redondos. Fue muy criticado y se responsabilizó al ministro Esquilache, que tenía engañado al rey.

Surgieron por todo Madrid pasquines, coplas, canciones y poesías satíricas. El motín parecía poco espontáneo, se hablaba de miles de hombres preparados para el levantamiento para abolir la presencia de extranjeros como Esquilache. Se hablaba de usar “gentes inferiores” para “excitación de los ánimos”.

El 23 de marzo estallaron los motines. Algunos sujetos se paseaban desafiantes embozados en capas largas y luciendo sombreros redondos. Otras parejas de agitadores invitaban a beber en las tabernas para alterar el ánimo de los concurrentes al grito de “¡Viva el Rey y muera Esquilache!”.

A las 6 de la tarde, unos 6.000 alborotadores se concentraron en la Plaza Mayor y marcharon hacia la casa de Esquilache, no encontrándolo en ella. A las 8 de la tarde ya habían 15.000 personas, que se enfrentaron a una partida de granaderos que acabaron huyendo. Los amotinados liberaron presos y se apoderaron de armas.

El 24 de marzo, una inmensa muchedumbre se enfrentó a los guardias walones (acusados de represivos y asesinos), matando a diez de ellos. Corrió la voz de que uno de ellos tenía rabo. A la una de la tarde el gobierno (en nombre del Rey) ofreció la rebaja de los comestibles (pan, aceitre y tocino) y el permiso para usar las capas y sombreros tradicionales. Pero el alboroto iba en aumento y continuó dos días más. Los amotinados escribieron sus demandas:

  1. Destierro de Esquilache y su familia
  2. Que todos los ministros sean españoles
  3. Extinción de la Guardia Walona
  4. Supresión de la Junta de Abastos
  5. Rebaja de los comestibles a precios moderados
  6. Conservación de la capa larga y el sombrero redondo
  7. Retirada de las tropas a sus cuarteles

El factor económico no parece el básico, porque aparece en 4º y 5º lugar. Exigían además que el propio Rey legalizase y perdonase a los amotinados, lo cual sucedió. Esquilache tuvo que abandonar el país.

Y el Rey huyó a Aranjuez por si las moscas. Eso enfureció al pueblo, que se volció a amotinar. Y el  Rey volvió a dar su palabra de que cumpliría lo otorgado. Y lo cumplió, excepto el punto 2.

Un motín inducido

La Guardia Valona

La Guardia Valona

La masa fue utilizada como instrumento de presión. La reacción en cadena de motines en el resto de país sí respondieron a la acción popular espontánea y pueden ser considerados motines de subsistencia. Los instigadores fueron los franceses, la alta noblez y el clero. Todos buscaban cambios que no amenazaran al status quo de los privilegiados:

  1. Esquilache, Ministro de Guerra y Hacienda, no estaba a favor de firmar un pacto con Francia, y una vez firmado no lo entendía como una obligación de España de prestar ayuda a Francia. Los franceses además presionaron a Esquilache para que mejorase el estado del ejército, pero él no estaba por la labor ya que ello exigía un ingente esfuerzo financiero. Francia, además, quería una situación de privilegio para sus intereses comerciales en España. Esquilache no aceptó, ya que prefería pactar con ingleses y holandeses. Tras la expulsión de Esquilache, los franceses consiguieron su objetivo.
  2. El Marqués de Ensenada era el sustituto ideal para los franceses y para los amotinados el primer día. La Alta Nobleza también prefería a Ensenada antes que a Esquilache (advenedizo extranjero y de humilde extracción) para intentar recuperar el poder político que estaba perdiendo. Campomanes o Floridablanca también eran mal vistos por la vieja nobleza por su oscura hidalgía de provincias, por ser unos ilustrados que se habían colocado en los mejores puestos del Estado.
  3. Los jesuítas también tenían estrechas relaciones con Ensenada. El Clero rechazaba la política reformista que iba contra sus intereses y privilegios como estamento. Campomanes fue el fiscal encargado de la pesquisa sobre los motines. Par él, el Clero había sido el responsable de instigar al vulgo para amotinarse en Madrid.

Al Rey le duró mucho tiempo el miedo ante los acontecimientos. Los privilegiados, en cambio, permanecieron en todo momento muy tranquilos. Y parece que financiaron una parte de los alborotos.

Las consecuencias

Con la eliminación de Esquilache se había conseguido la mitad del plan. Ahora faltaba la segunda parte, que nunca se consiguió. Porque los nuevos ministros de Guerra y Hacienda fueron Muniain y Múzquiz respectivamente, tan advenedizos (de origen humilde) como Esquilache.

Por otra parte, se destituyó al obispo de Cartagena como gobernador del Consejo de Castilla, como castigo al clero por su posible implicación en el motín. En su lugar se nombró a Aranda, reformista, ilustrado y enemigo de Ensenada, que desterró de la Corte a varios notables anti reformistas. El poder de los jesuítas también estaba en declive.

Los objetivos finales de los promotores del motín no se habían cumplido. Finalmente, los notables de Madrid acabaron condenando el motín y anulando las rebajas de precios. De hecho, la política reformista fue reforzada. Y los jesuítas ultramontanos y dependientes del papa, expulsados del Reino.

 

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This entry was posted on May 16, 2015 by in historia and tagged , .
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