Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

Pierre Vilar: El motín de Esquilache y las crisis del Antiguo Régimen

Tres versiones sobre el motín (23-26 marzo)

suple pierre vilar 22/12/1995 PIERRE VILAR  P28/10/1985  P13/7/1996  P15/8/2003 - FERRAN SENDRA FS AVUI

Pierre Vilar (no se ven pero tiene pies)

  1. Las explicaciones anteriores inciden en causas políticas, como la prohibición de las capas y los sombreros redondos el 10 de marzo de 1766 por un ministro extranjero torpemente reformador. Se obligó a los madrileños a llevar tricornio y trajes cortos para no “ocultar y disimular a las personas”. Con la subida de precios los vagabundos afluían a Madrid.
  2. Una visión más amplia, de más largo recorrido,  habla del intento de legislación liberal que provocará la ira de las clases altas, la contrarrevolución de la aristocracia y el clero contra la corriente renovadora del despotismo ilustrado de Carlos III.
  3. Pierre Vilar propone ahora una tercera explicación basada en un modelo histórico que también se muestra en la Francia del mismo período: el de las emociones populares, de periodicidad corta, que nacen de las crisis económicas de antiguo tipo debido a la escasez de alimentos y a su carestía.

Crisis de subsistencia que provoca la Cólera Popular

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Carlos III parece una mezcla de Pinocho y Robocop envuelto para regalo. El rey del Despotismo Ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo.

Alguien dijo poco después que los propietarios luchaban por la tierra y los trabajadores por la subsistencia. Y los comerciantes por la libertad, por la libre circulación de los productos y por la eliminación de impuestos y reglamentos, todo lo cual sostienen que hará bajar los precios.   Poco a poco el valor de cambio empieza a ser bien visto por la sociedad española. Pero la realidad nos dice que en tiempos de carestía los precios suben ya la libertad podía significar especulación.

El clero poseía mucha renta agrícola, los diezmos, renta inmobiliaria urbana y mayorazgos sustraídos a la circulación. Campomanes (proveniente de la clase media) ya en 1765 propone la desamortización de las tierras que no podían entrar en el mercado. Esto no podía gustar al clero ni a la nobleza rentista. Tampoco al clero bajo, que estaba más cerca del pueblo,.

Los liberales de Turgot insistían en que la libertad económica igualaba los precios. Además muchas veces iba seguido de especulación, empobrecimiento,  paro y necesidad de talleres de caridad. Esa política económica fue la causa de la “guerra de las harinas” de 1775 en Francia. Pero muchos campesinos ricos eran acaparadores, reservaban sus granos para las épocas de malas cosecha sy precios altos. La política liberal no le gustaba a los nobles ni al pueblo.

Debido a las crisis periódicas del Antiguo Régimen era frecuente que los pequeños campesinos perdieran sus tierras y tuvieran que marchar a las ciudades como vagabundos o mendigos. Creían que la autoridad tenía que velar por evitar estas crisis de subsistencias.  Para el pueblo llano de la ciudad o el campo, la principal preocupación es la subsistencia. Y no necesitaban instigadores para descubrir que su salario ya no les permitía comprar pan.

Orígenes del motín

Hubo varios años seguidos de sequia, malas cosechas, escasez  y grandes subidas en el precio del trigo. Las subidas fueron superiores en el interior (comunicaciones y clima duro) que en la costa, donde las importaciones nivelaban los precios.  En las sociedades capitalistas, en cambio, las crisis son de sobreproducción, causadas por la imposibilidad de adquirir la demanda todos los bienes de consumo que se le ofrecen.

Las revueltas parten de Madrid como movimiento político, y se transmiten a Castilla, País Vasco, Navarra, Aragón, Levante y Andalucía al estilo del “gran temor” previo a la Revolución Francesa pero también de la “guerra de las harinas” de 1775 en Francia. Los liberales de Turgot insistían que la libertad económica igualaba los precios, pero muchas veces se generaba especulación, empobrecimiento,  paro y necesidad de casas de caridad. Esa política económica fue la causa de la “guerra de las harinas” de 1775 en Francia.

Al final del Antiguo Régimen, alternaban liberalismo e intervencionismo. En tiempos buenos la legislación era liberal, los mercaderes y panaderos luchaban por subir los precios, en tiempos malos aumentaba la reglamentación, las tasas con precios fijos para el pan y las requisas de lo almacenado en los silos. El pueblo prefería morir ahorcado que de hambre, y en muchos casos tuvo el apoyo de los curas de pueblo.

En España, el holandés Gray Winckel (consejero de Carlos III) fue el que primero defendió la libre circulación de granos. El ministro Esquilache y el fiscal del Consejo de Castilla, Campomanes ven con buenos ojos los informes del holandés.

A pesar de la escasez de los últimos años, el 11 de julio de 1765 una Pragmática proclama la libertad de venta, circulación y precios del trigo.

Capas y sombreros

Los sastres a pie de calle recortando capas

Los sastres a pie de calle recortando capas

Su prohibición fue la ocasión, la causa inmediata de un echarse a la calle que acabó en motín. El resentimiento cristalizó en una persona, Esquilache. La medida sobre  las capas fue de una torpeza inaudita que ralló en el ridículo. Sastres escoltados por alguaciles recorrían las calles recortando capas.

También se habló de una oposición política formada por la nobleza y el clero, que urdió un complot, versión que servirá a Aranda, presidente del Consejo de Castilla, para atacar a la Compañía de Jesús.

Descontento masivo

En realidad, los descontentos eran masivos: se evade el oro, el tesoro vacío, el Imperio perdido, gastos excesivos en la boda de los príncipes, reforma urbana, despidos administrativos, incidentes mortales en fiestas oficiales, decepciones militares y diplomáticas, crisis agrícola, hundimiento de la ganadería, nueva circulación de granos… de todo se culpó a Esquilache.

A partir del 24 de marzo el motín recuerda al 89 francés: una verdadera acción de masas, choques con la guardia valona, marcha ante el Palacio Real que es sitiado, el rey firma todas las peticiones del pueblo,  el rey con su familia y Esquilache huye a Aranjuez.

Las principales reclamaciones del pueblo fueron:

  • exilio de Esquilache y los suyos (se cumplió)
  • supresión de la comisión de subsistencias
  • bajada de los precios (en realidad ya hubo una “tasa salvaje”)
  • mantenimiento del traje tradicional
  • hispanización del ministerio (no se hizo)
  • retirada de los guardias valones (fue efímera)
  • vuelta del gobernador del Consejo de Castilla, el obispo Rojas, a su obispado (lo reemplazó Aranda)

Si el motín fue de inspiración antirreformista y clerical, su victoria fue magistralmente aprovechada por el partido liberal. En realidad, estos motines de subsistencia fueron a menudo usados tanto por unos como por los otros.

El descontento popular sirvió finalmente al establecimiento definitivo del despotismo ilustrado, ese paso inermedio entre el Antiguo Régimen y la revolución burguesa. En los acontecimientos de Madrid se mezclan las formas universales y las españolas de las emociones populares, las expresiones populares y las tradiciones intelectuales de la crítica política.

Tras el motín

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El Conde de Aranda

Aranda creó el Hospicio de San Fernando como taller de caridad. También creó representantes electos del común en los ayuntamientos cuya misión era defender el libre comercio contra el tradicional intervencionismo.

Pero también hizo redadas de parados, vagabundos, majas (mujeres del pueblo vistosas y descaradas) y gentes de mala vida. Y expulsó de la capital a los curas desocupados. Más de un responsable popular del motín desapareció sin dejar rastro. El murciano Juan de Salazar fue torturado, descuartizado y le cortaron la lengua en la Plaza Mayor, acusado de haber sugerido “que había que terminar con los Borbones”. Vaya osadía!

La revuelta de Zaragoza

Es el más conocido después del de Madrid. Se dió el 1 de abril, pocos días después del de Madrid, cuando las noticias debían ser todavía de triunfo. Pero en Madrid el matiz era político (se amenazaba a los ministros), en Zaragoza al Intendente (autoridad económica) y a los grandes comerciantes, considerados acaparadores. Se proclama el derecho a la insurrección social. La concentración en las ciudades de campesinos desarticulados y artesanos en paro creaba un buen terreno de agitación social.

Como es habitual, la masa sublevada respeta al Rey (nunca he entendido por qué, ya que es la cúspide del poder autoritario), a su delegado (Castelar) e incluso al Ejército, pero odia a la autoridad económica. El programa es claro, se proclama el “derecho al motín” basado en:

  • castigo a los usureros (arrendatarios de derechos fiscales y señoriales) y acaparadores (guardan el grano a la espera de que suban los precios)
  • libertad de amasar para los que tengan harina
  • tasa del pan
  • baja en los precios del aceite y las judías

Pero la multitud no es mala, no se producen muertes, como mucho se señalan dos heridos. Al frente de las multitudes se sitúan las mujeres y los niños, también los estudiantes, los mendigos. En pueblos cercanos se llegaron a repartir tierras entre campesinos pobres.

Al igual que en Madrid, el ejercito no disparó a los amotinados y se cedió a las reivindicaciones. Los que sí se movilizaron, con el beneplácito de Aranda (Presidente de Castilla), fueron las clases medias (urbanas y rurales) que, armadas en cuadrillas, se enfrentaron a los estupefactos amotinados. Hubo algunos muertos y muchos heridos. Fueron el embrión de las futuras milicias burguesas.

El Gobierno fue prudente mientras tuvo miedo. A partir del día 9, cuatro días después de iniciarse la revuelta, comenzó la represión con los primeros ahorcamientos, muertos por garrote vil y al menos un descuartizamiento.

Los motines rurales en Guipúzcoa

En Burgos, Vitoria y Guipúzcoa también hubo revueltas. Frente al motin político de Madrid y al motín urbano de subsistencias de Zaragoza, los motines de Guipúzcoa del 16 de abril recuerdan más a los motines de las harinas y al Gran Miedo de 1793: son rurales, en cadena, problemas de clase entre campesinos pobres y diezmeros (tenían delegado el cobro de diezmos de la Iglesia).

Los pobres se movieron de pueblo en pueblo reclamando pan, vino y carbón a un precio bajo. Las autoridades temerosas empiezan a pedir ayuda a otros pueblos, pero también están amotinados. Son bandas, comunidades, repúblicas en movimiento que recorren al menos 26 pueblos de la provincia, donde provocan levantamientos.  Las mujeres representan un importante papel de agitadoras, y el clero y sus odiados diezmos uno de sus objetivos.

El 24 de abril reaccionan las autoridades y comienza la represión: multas, presidio, aislamiento forzoso… Y como casi siempre, se aprovecha la coyuntura represiva para hacer limpieza de desocupados, vagabundos, holgazanes desprovistos de medios de vida. Todos los que compraron trigo y maiz a precio bajo debido a los motines, fueron obligados a devolver la diferencia de precio.

En este caso, el clero no estuvo de lado del pueblo, ya que estaba también a favor de la liberalización de los precios.

Conclusiones

Lo más evidente es la espontaneidad de estos clásicos motines de subsistencia. En Barcelona no hubo motines porque los pobres que afluían a la ciudad eran atendidos por la caridad o empleados en las fábricas indianas.

Sigue existiendo la contradicción de base entre el campesino y el señor / diezmero / usurero. Con cada crisis de subsistencia (eran habituales) el campesino se hace vagabundo, emigra a la ciudad y se convierte en fermento revolucionario. Los remedios serán también clásicos: caridad del clero, reglamentación de los precios y la horca para los cabecillas para dar ejemplo.

Luego están los clérigos o cortesanos que aprovechan la agitación espontánea para fines políticos propios.

Pero después de 1750 las cosas ya no son tan claras, porque aparecen las clases medias rurales: campesinos ricos, arrendatarios de derechos de almacenaje, comerciantes, funcionarios especuladores. Para ellos, el fin es el dinero, la libertad el medio, la conquista del poder un confuso horizonte. Son el Tercer Estado que se enfrenta al Cuarto para exigir la libertad de mercado.

Esta clase vencerá en Francia en 1789, pero llegará más lejos de lo previsto por su alianza con los campesinos y los sans-culottes urbanos. Aranda y otros ilustrados españoles unieron el destino de la Monarquía española, del Despotismo Ilustrado, al de las nuevas clases medias emergentes. Evitaron la revolución pero fosilizaron el país.

En 1789 se dieron también los Rebomboris del Pa en Barcelona, que fueron unas típicas “guerras de las harinas”:

 

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This entry was posted on May 17, 2015 by in historia and tagged , , .
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