Palabra de Jorge

Lecturas, escuchas y reflexiones

Josep Peirats: Joan Peiró

Josep Peirats: Figuras del movimiento libertario español. Capítulo X. 1978.

juan-peiroJuan Peiró nace en Sants en 1887 y empieza a trabajar a los 8 años en un horno de vidrio, siendo precisamente el Sindicato del Vidrio la punta de lanza del anaracosindicalismo en Barcelona. Muchos sindicalistas conocieron la cárcel sistemáticamente, de la que salían con más cultura y rebeldía. Peiró vivió la lucha entre puristas y oportunistas, entre teoría y realidad. Fue un hombre de acción, pero también de organización. el teórico del anarcosindicalismo.

En 1928-29 publicó una serie de artículos en El Despertar de Vigo en los que defendía los postulados del Congreso de Amiens (1906) del sindicalismo francés en el que se defiende que en el sindicato tienen cabida todas las ideas políticas y confesionales.

Peiró entendía que la lucha por mejoras económicas como la jornada de 8 horas o un aumento de salarios solía acabar en un aumento del paro y de los precios. Pero “esta lucha por las cosas inmediatas es una gimnasia que entrena a las masas para la lucha final”.

Peiró es consciente de que el capitalismo industrial tiende a la concentración empresarial, por lo que en 1918 se decidió convertir los sindicatos de oficio en sindicatos de ramo e industria. Que además han de estar coordinados nacionalmente para ser eficaces, e incluso internacionalmente, y siempre de una manera descentralizada y federal.

Para Peiró, el sindicalismo revolucionario en manos del proletariado, y que recibe las aportaciones intelectuales de los anarquistas, pretende liberar a los trabajadores y a toda la humanidad de la opresión capitalista y estatal. Las armas del sindicalismo revolucionario son, en este orden: la huelga, el boicot y el sabotaje.

Peiró no cree en la acepción tradicional de la acción directa como el intento de resolver los problemas entre patronos y obreros directamente prescindiendo de la Autoridad. Para él, significa acción de masas en todos los problemas, incluso para tratar con el Estado, lo cual se llama hacer política, para enojo de algunos padres de la Iglesia anarquista. Porque hay que estar en las luchas económicas, pero también en la lucha contra las leyes injustas.

Así, para Peiró la finalidad del sindicalismo es esencialmente política, es la abolición de la propiedad individual, la toma de posesión de los medios de producción y la estructuración social de la sociedad futura basada en la propiedad común. Y para ello la mejor herramienta es la huelga general.

Peiró no quiere un sindicalismo amorfo, sino uno en el que los anarquistas proyecten su espíritu ideológico. En 1923, por ejemplo, desapareció el sindicalismo bajo la represión de la dictadura de Primo de Rivera, pero no así el anarquismo, porque no es un movimiento de masas, sino una corriente moral e ideológica. Pero Peiró critica que actualmente las agrupaciones anarquistas tienden más a la ingenuidad que a la cultura. Sus bibliotecas sólo se nutren de textos anarquistas, y no de otros pensadores universales. No sólo hay que leer a Kropotkin, también hay que leer a Marx y  a Adam Smith.

Peiró también critica la obsesión revolucionaria de los anarquistas, y en su lugar defiende el cooperativismo. El éxito revolucionario dependerá de tres factores:

  1. Una fuerza organizada que se imponga y conquiste los medios de producción
  2. El sindicato aportará la técnica para organizar la producción. Los comités de fábrica serán claves para la máquina económica del sindicalismo revolucionario.
  3. La cooperativa se ocupará de la distribución desde la producción al consumo.

Debido a la aprensión hacia las organizaciones de masas, es fácil que los grupos anarquistas se conviertan en élites sin más objetivo que el verbalismo y la hostilización mutua. Su misión, en cambio, ha de ser la de ayudar a levantar el edificio social futuro sobre los cimientos ruinosos de la sociedad capitalista.

Peiró fue siempre un hombre práctico y realista: “vale más un error en acción que una verdad hablada”.

El error de acción de Peiró

Tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera, Peiró fue elegido director de Solidaridad Obrera. Desde ahí luchó contra el corporativismo de Pestaña o la ley de Largo Caballero (1932) de los jurados mixtos, que iba en contra de la acción directa y el derecho a la huelga que defendía la CNT.

Peiró como escritor era un polemista formidable, en cambio no era brillante como orador, pero sí frío, y con un castellano que no dominaba tanto como el catalán. Peiró firmó un manifiesto de Inteligencia Republicana, lo cual le valió muchas críticas, y al final tuvo que retirar la firma.

En el Congreso Nacional de la CNT de 1931 se criticó mucho su gestión como secretario general durante la dictadura. Pero el se defendió y defendió una nueva estructura para la CNT a base de sindicato industriales y federaciones nacionales de industria. Aún así, ahí empezó su declive, ya que no se le perdonó sus compadreos con las izquierdas políticas catalanas y con desviacionistas como Pestaña. Las luchas entre Treintistas y Faístas fueron duras y no se selló la paz entre ambos hasta el Congreso de 1936. En otoño de 1936, Peiró entró en el Gobierno de Largo Caballero como Ministro de Industria.

Peiró tenía un gran corazón bajo un cuerpo pequeño y rechoncho, coronado por una calva reverenda. Murió fusilado en Paterna en julio de 1942 tras ser entregado a Franco por los franceses. Se negó a ocupar el cargo que le ofrecía el sindicalismo falangista.

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This entry was posted on May 31, 2015 by in anarquismo, historia and tagged , , , , .
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